El equipo alemán de fútbol ya no es, ópticamente hablando, lo que era antes. El juego sí sigue siendo el mismo, el estratégico, rápido, de pases largos y jugadas minuciosamente estructuradas. Yo me refiero a la “óptica” de los jugadores, de su apariencia, para no mencionar la palabra “raza” que quizá me obligue a profundizar y precisar términos que no entran en este post. El Sr. Marlon, portero de mi edificio, es un gran conocedor de la época trágica del Tercer Reich y nunca se pierde la oportunidad para preguntarme sobre Alemania. Le comentaba justamente, que la imagen clásica de aquellos fornidos, rubios y bien peinados atletas, estilizados por la talentosa y muy criticada fotógrafa y cineasta Leni Riefenstahl, ya no se ve reflejada en la actual selección de fútbol.
Trends, diseño, música, cultura, publicidad y marketing. Todo sobre el acontecer en el ciberespacio.
viernes, 2 de julio de 2010
La “programación” cultural del individuo, el fútbol y el dolor de estómago de Adolfo Hitler
jueves, 6 de mayo de 2010
Evacuación intestinal
¡Yaaaaaaa! gritaba mi mujer enfurecida al oírme jalar el pulsador de accionamiento del inodoro por tercera vez. Yo le hecho la culpa a los genes. Heredé la nariz delicada de mi madre y la paciencia eterna de mi padre a la hora de ir al baño. No soporto la fetidez y disfruto mi privacidad. Así de simple. Mi padre tenía una disciplina casi prusiana en sus rutinas y éstas estaban tan ritualizadas que era imposible pensarlo sin ellas. Y es así como todas las mañanas se le encontraba, con su pantalón celeste de piyama, su bibidí blanco y la toalla con rayas azules en la mano. Siempre campante y de buen humor entraba al ritual de afeitarse, cortarse el bigote a lo Jorge Negrete y claro infaltable la evacuación intestinal del viejo. A la hora del desayuno uno casi podía saber “como le fue”, si sonreía todo había “salido” bien. Y si llegaba gruñón al desayuno, mandaba a comprar leche de magnesia y no intercambiaba palabra alguna.
En el transcurso de los años he intentado de todo para hacerme más ameno ese tiempo, el de la evacuación. Esto viene desde que leí un estudio en el que se mencionaba que un ser humano en promedio se pasa más de tres años de su vida frente a un semáforo rojo. Esto me llevó a hacer cálculos sobre cuanto tiempo un ser humano se la pasa en promedio defecando durante toda su vida. No saquen la cuenta. Es mucho tiempo, créanme.